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domingo, 21 de septiembre de 2008

Hansel y Gretel


Nostros conocíamos la historia de Hansel y Gretel.
De todas formas, leímos la historia ilustrada por Anthony Browne, con ilustraciones incríbles.
Si bien Anthony respeta la versión de los hermanos Grimm, agrega en los dibujos unos toques de modernidad que hacen a la histroia aún más escalofriante.
Les recomendamos la lectura del libro de este autor.

lunes, 7 de julio de 2008

¿Quién es Julio Cortazar?

Nosotros estamos leyendo instrucciones... Analizamos juntos las particularidades del texto instructivo, sus características.... Así llegamos a Cortazar, pues él, en su libro "Historias de cronopios y de famas" ha publicado diferentes instrucciones para que hagamos cosas que en realidad no necesitan de ninguna instrucción. Así, llorar, cantar o subir una escalera disponen de sus guías para que nadie se quede sin reir. Aquí va una instrucción a modo de ejemplo....

Instrucciones para cantar



Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvidese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.


Los invitamos a visitar esta página, sobre la cual investigamos muchas cosas sobre este fabuloso escritor:

www.juliocortazar.com

La casa tomada. También es palabra escrita


Casa tomada
Cuento de Julio Cortázar

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.

Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

-¿Estás seguro?

Asentí.

-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.

-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

Cortázar y sus escritos para ver

viernes, 6 de junio de 2008

Uh, qué lino



Uh,qué lino

Para ser leído en voz alta
(del libro Nadie te creería)

- ¿Mo me quelé?
- Chi.
- A mer…¿cuánto?
- Muto.
- ¿”Muto” o “muto muto”?
- Mutísimo…¡Achí!
- Uh, qué lino.
- ¿Y mó? ¿Me quelé?
- ¡Uh! Maquel chol.
- ¿El chol nomá?
- El chol, la luna, lasteyas, la tiela…toro. Toro, toro, toro. Achí, má que toro nel nivercho
- Uh, qué lino…Amél, namun mechito.
- Tomá…muá.
- Oto.
- Muuá.
- Oto.
- Muuuuá.
- No, oto y oto y oto.
- Muá. muá, muá. ¡Milá que te como, ¿eh?!
- Uh, qué meio, ¿cherio?
- ¡Chi! - ¿Y polqué meván comé?
- Polque choi…¡un león!
- ¡Uh, qué meio, chenor león! ¡Nome coma!
- ¡Chi! ¡La como! ¡Aaah!
- ¡No! ¡Qué meio!
- No, no tena meio, era mabloma.
- Ya ché, cho tamén era mabloma.
- ¿Tonche? ¿Te como?
- ¡Y chi!
- Am aam, ñam,ñam, qué lico, aam, ñam. Chatá. Te comí.
- ¡Uh, qué lino!
- ¿Y hora me quelés?
- Chi, muto, aquíntu pancha.
- ¿Cuánto?
- Parichempre de parichempre.
- ¡Uh, qué lino! Cho tamén.
- ¿Mamo pachear nela mano?
- Cho te chevo.
- No, achí cunto nelamano, men cherquita.
- ¿Cómo cherquita?
- Chote poyo la cabecha aquí nelhombro, y mamo nela mano. Cuntito.
- Uh, qué lino, mamo. Chí, mamo. No, pelá queme peinun poco.
- Palaqué tepeinás?
- Palachel la pelchona malina nel muno. Pala voch.
- Vochasós la pelsona malina nel muno, ¿nontendé? Cho…cho…chote quelo achí como chos. Note vachá peiná.
- Mamo, mamól.
- Mamo cocha monita.

lunes, 2 de junio de 2008

Una palabra con mil significados

Simplemente para compartir...
Del libro Nadie te creería de Luis Maria Pescetti.

"Entonaciones"

Decir “mamá”, “vieja”, “jefa”, como cuando llegamos a casa y queremos saber si está. “Mamá”, dicho como cuando le pedimos un vaso de agua, por la noche. “Mamá”, como cuando queremos decirle: “Basta, no insistas con eso”. “Mamá”, como cuando se nos escapa en un grito, ante una situación de peligro. “Mamá”, dicho como cuando le presentamos a nuestra persona amada. “Mamá”, mordiendo los dientes, con enojo. “Mamá”, cuando cerró los ojos. “Mamá”, como cuando lo balbuceamos por primera vez. Dicho como cuando no nos conceden algo deseado, y reemplaza a: “Por favor”. Como cuando antecede a : ¡¿Me preparás algo para comer?”. “Mamá”, como cuando atendemos el teléfono y la llamada es para ella. “Mamá”, dicho como cuando nos sorprende con un cambio: peinado, ropa, baile, un curso. “Mamá”, como cuando lo que sigue será una mala noticia. “Mamá”, respondiendo a nuestro padre que nos pregunta quién tiene la razón. Y ahora “Mamá”, también a nuestro padre, que nos pregunta quién cometió un error. Pidiéndole que se apure, pues perdemos el ómnibus. Pero también: “Mamá”, como cuando nos apura. “Mamá”, cuando abre los ojos, recuperada de la anestesia de una operación. “Mamá…”, como cuando le preguntamos si ella se acuerda de un nombre o una situación que no podemos recordar. También como cuando le pedimos que nos disculpe. Decir “Mamá”, como cuando no vivimos en el mismo país y llega a visitarnos. “Mamá”, en la misma situación, pero cuando nos despedimos. “Mamá”, como cuando le anunciamos que será abuela. “Mamá”, wxclamando como cuando nos da una alegría muy grande. “Mamá”, cuando reemplaza a : “No hace falta”. “Mamá”, ante otras personas, y cuando queremos decirle que no siga, que luego nosotros le explicaremos todo. Dicho como cuando debemos pedirle dinero. Dicho como cuando le pedimos que sea nuestra madre, y que no haga como si fuera amiga. “Mamá”, cuando reemplaza a “Te tenemos una sorpresa”. También como cuando reemplaza a: “¿Cómo se te puede ocurrir eso?”. “Mamá”, puesto en una canción. “Mamá”, en un rezo. También cuando hablamos con una persona amiga y le contamos que “mamá” tiene la culpa. “Mamá”, en una de esas poesías que les hacen memorizar a los niños para el acto del día de la madre. “Mamá”, en un anuncio publicitario. “Mamá” cuando somos hijos adoptivos y conocemos a nuestra madre biológica. Y también “Mamá”, dicho por primera vez, luego de haber conocido a nuestra madre biológica, a nuestra madre adoptiva. “Mamá”, pero sin mirarla a ella, sino con la vista arriba. “Mamá”, inclinando la cabeza.


Estos son Comentarios que la gente deja en la página de Luis María Pescetti. Tal vez vos podés dejar el tuyo... En la página de Pescetti, o en la nuestra...!!!! Por si quieren, pueden entrar a su página con solo marcar aquí.


  1. El 05/01/2008 MAR escribió:

    Empecé a entender a mi madre, una vez que lo fui yo. A sentir esos miedos y alegrías, preocupaciones y proyecciones… Ahora nos miramos con otra complicidad…
    Hay una maravillosa cancíon que canta Baglietto, llamada “Mami”, cantada a su madre, coronándola con una última frase que dice “por eso es que algunas noche yo te escucho murmurar, por eso es que algunas noches yo te escucho que rezás, diciendo: mami…”
    Ser hijo es una bendición, ser madre, es lo más parecido a sentir el soplo de Dios en el alma.
    Gracias Luis por este texto!

  2. El 07/01/2008 marianaza escribió:

    Mi mamá es la mejor del mundo.
    TE AMO MAMÁ

  3. El 07/01/2008 agustin escribió:

    espectacular

  4. El 12/01/2008 Dolores Alanís escribió:

    MAMÁ, ESA PALABRA QUE YO SOLO PRONUNCIÉ 4 AÑOS, PORQUE ELLA SE FUE MUY PRONTO, JUNTO CON MI HERMANITO.SU AUSENCIA ME DEJÓ UN HUECO PROFUNDO. SIN EMBARGO, PASÉ MUCHO TIEMPO BUSCANDO UNA MADRE SUSTITUTA. LA ENCONTRÉ EN DIOS. ES MI MAMÁ DIVINA. EL REGALO MÁS GRANDE FUE MI PROPIA MATERNIDAD. ES UN AMOR DESINTERESADO QUE SE PRODIGA SIN ESPERAR NADA A CAMBIO.UNA OPORTUNIDAD DE DAR Y AMAR. BENDITAS SEAN TODAS LAS MADRES. GRACIAS POR ESTE TEXTO LUIS. LOLA DEL D.F.

  5. El 16/01/2008 Tamara escribió:

    Hola Luis!
    A partir de la nota en LNR, y porque definitivamente amo y me apasiona todo lo relacionado al mundo de los chicos, quería entrar en tu página… Buscando en otra página, también aparecía el link a la tuya… Así que acá estoy.
    Cuando de repente me encontré con ENTONACIONES…
    Qué decirte… Llanto…
    Es perfecto! Perfectamente descriptas todas las entonaciones… Y en mi cabeza quedaron resonando varias de ellas…
    Mi mamá falleció cuando yo era muy chica… Y justo me encuentro en esa edad en la que todo mi alrededor comienza a ser madre… Un mundo en el que me proyecto y que pronto me tendrá a mí también como protagonista…
    Hermoso! Gracias por estas Entonaciones!
    Saludos y hasta pronto!
    Tamara

  6. El 18/01/2008 daniela escribió:

    se me estremecieron la piel y los sentidos. no logro entender como con tan claras y sencillas palabras se reflejan los sentimientos, EL ALMA…

viernes, 30 de mayo de 2008

Los Señores Moc Y Poc


Los señores Moc y Poc son 2 caballeros que visten con elegancia, son amables y hablan con cierto grado de complejidad. Pero ellos hacen preguntas, a primera vista obvias, pero que desentrañan respuestas que no lo son tanto (e incluso, han intentado incursionar en un negocio de respuestas sin preguntas), imaginan el origen de algunos fenómenos naturales (como el ruido de los terremotos), y piensan el mundo de otra forma diferente a la que conocemos casi todos.

También, ellos escriben cartas al presidente de una línea aérea (sin saber siquiera quién es), hablan con algunas personas (en persona y por teléfono), desesperándolas a todas ellas, y hasta presentan al autor del libro y discuten de sus problemas (es el único libro de Luis Pescetti donde hablan de él mismo como un personaje más, pero sin aparecer).


Aquí va una carta que el Señor Poc le escribió a un señor ( o señora) que él no conocía...
Primera carta que el señor Poc escribió al presidente de una línea aérea
Línea aérea… Estimado señor Presidente: Me dirijo a usted como señor Presidente pues supongo que su línea debe tener un Presidente, además de pilotos que vuelan sus aviones, ya que de hecho sería tan raro que existiera una línea aérea sin Director como un Director de línea aérea sin línea aérea, aunque, por cierto, conozco una orquesta de cámara que no tiene Director y a un Director de orquesta que no dirige una en especial y viaja invitado a todas partes. Quizás yo debiera preguntarle: ¿ usted dirige su propia línea aérea o va dirigiendo aquí y allá según lo inviten? En cualquier caso espero que esta carta coincida con que usted esté dirigiendo allí donde la envío. Por otra parte, espero que no tome a mal que lo llame señor sin conocerlo, pues no debo suponer que es un truhán o encabezar mi carta con un “Pedazo de tonto…”, pues para llegar donde llegó puede ser cualquier cosa menos tonto, a menos que sea un tonto que otros más inteligentes ponen en ese lugar para gobernar la línea aérea a su gusto. Si éste es el caso, le ruego que no se moleste en contestar mi carta, ya que no es de tontos dar respuestas inteligentes y, si no brillantes al menos correctas, a menos de que sean respuestas sobre cosas muy simples y aún así no me fiaría. Si usted no es un tonto al servicio de gente más inteligente, le agradeceré, entonces sí, que conteste simplemente con la verdad a una pregunta que quiero hacerle. Si es un truhán, le ruego que de todas maneras me contestes, pues si un truhán me contestara como si fuera un hombre honesto, yo correría el peligro de que usted me mintiera pero, como mi pregunta no afecta sus intereses (ni a los del grupo de gente más inteligente a cuyo servicio está usted, en caso de que sea tonto y haya seguido leyendo porque es típico de un tonto no hacer caso de una advertencia o solicitud), creo que no le importará responder a una inquietud que pasa más por aspectos técnicos. Le escribo esta carta ya que si la mandara en blanco o con puras rayas y dibujos incomprensibles usted sabría que alguien quiso comunicarse pero no por qué motivo, o también podría pensar que es una mala broma o una amenaza, en cuyo caso me enviaría dinero para que no lo siguiera molestando y yo seguiría con mi duda técnica y avergonzado de recibir un dinero por haber sido tomado por un delincuente. Me vería obligado a devolverlo y es probable que su temor le hiciera pensar que voy porque esa suma no es suficiente, con lo que usted me daría más, aún antes de que yo abriera la boca, y eso me haría sentir más avergonzado. Insistiría en devolvérselo y usted en aumentar la suma y quién sabe cuánto tiempo pasaría hasta que yo saliera huyendo por la vergüenza y usted interpretará eso como que fui a buscar refuerzos. Muchas gracias. ATENTAMENTE. Señor Poc
Luego el Sr Poc escribe una segunda carta, ya que se da cuenta que en la primera carta no le preguntó lo que le quería preguntar: ¿Por qué los aviones no siguen volando cada vez más alto cuando se rompen, así como si sucede que los barcos se hunden cada vez más a lo profundo?... En fin, los chicos de séptimo inventaron respuestas. No se las pierdan en el próximo artículo.

lunes, 5 de mayo de 2008

Voces de Saint Exupery

A propósito de El Principito, aquí va el libro entero, para quiénes deseen conocerlo o recordarlo.

Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba "Historias vividas", una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera. Esta es la copia del dibujo.

En el libro decía: "Las serpientes boas se tragan su presas enteras, sin masticarlas. Luego no pueden moverse y duermen durante los seis meses que dura su digestión".

Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la jungla y a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo.
Mi dibujo número 1. Era asi:

Enseñé mi obra de arte a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les asustaba.

-¿Por qué habría de asustar un sombrero? - me respondieron.

Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas grandes pudieran comprender. Siempre necesitan explicaciones.
Mi dibujo número 2 era así:

Las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas, y que me interesara un poco más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Asi fue cómo, a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado por el fracaso de mis dibujos número 1 y número 2.

Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.

Tuve, pues, que elegir otro oficio y aprendí a pilotear aviones. He volado un poco por todo el mundo y la geografía, en efecto, me ha servido de mucho; al primer vistazo podía distinguir perfectamente la China de Arizona. Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche.

A lo largo de mi vida he tenido multitud de contactos con multitud de gente seria. Viví mucho con personas grandes. Las he conocido muy de cerca; pero esto no ha mejorado demasiado mi opinión sobre ellas.

Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. Pero siempre me respondian:: "Es un sombrero". Entonces no le hablaba ni de serpientes boas, ni de la selva virgen y ni de estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y la persona grande se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.



¿Querés seguir leyendo? Adelante, entonces... A disfrutar!!!

Las Biografias


Nosotros estamos trabajando con las biografías. Analizamos que elementos la componen (protagonista, narrador, fotografias, secuencia narrativa, tiempos verbales, fuentes y testimonios), a partir de un texto biográfico realizado por CURTIS CATE, un escritor que escribió sobre la vida de Saint Exupery. Es muy interesante ver como se entremezcla lo vivido por el aviador en sus vuelos intrepidos con el relato increíble de El Principito... ¿Cuál es la realidad y cuál la ficción?

domingo, 20 de abril de 2008

Oración de un Desocupado


Con este poema se inspiró la banda Arbolito para escribir el "Huayno del Desocupado". El autor de esta poesía es Juan Gelman, un poeta comprometido con nuestros tiempos que continúa sembrando palabras. Queríamos entonces, compartirlo con Ustedes.

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?


Juan Gelman

viernes, 11 de abril de 2008

Personajes de la imaginación




Hemos leído relatos de aventuras. Son historias sobre los caballeros que acompañaron al Rey Arturo. Este fue un personaje imaginario de la literatura galesa, sobre el que relatan muchas historias relacionadas con la valentía y la lealtad. Nosotros relatamos lo que no se dice en esta historia, y describimos supuestos personajes que acompañaron en sus historias a quienes rodeaban al Rey Arturo.Veamos...

Caballero Owein: Valiente educado, enamorado. Muy bueno

Owein: Un gran luchador .Supo defenderse de monstruos.

Monstruo: Grande, peludo, malo.

Caballo: Tiene orejas pequeñas y la cola con pelos .Su armadura es de color claro. Con hermoso pelaje.

La Doncella: es muy fina, delicada, educada, enamorada .Sabe mucho .Tiene cabello largo y el vestido hermoso.

León: Tiene mucha melena. Es grande. Le gusta cazar.


Los Hijos: querían ser valientes y luchar con los monstruos
Abigail






caballo: tenía orejas pequeñas. Cola con pelo. Usaba armadura, tenía un hermoso pelaje marrón .Corría muy rápido y era muy valiente.

doncella: era delgada y hermosa, fina, muy bien educada. De cabello largo y oscuro, alta. Con una personalidad muy buena, solidaria, sensible y con mucha paciencia.

Owein: era muy valiente y luchaba con el monstruo. Las chicas al verlo se volvían locas por él: era rubio, ojos celestes, musculoso, con su tez muy blanquita.

caballero: era muy valiente y bueno.

monstruos: peludo, grande, malo, peligroso, tenía los dientes filosos, oscuros.

León: era muy nervioso y salvaje, tenía orejas pequeñas y patas cortas. El color de su cuerpo era amarillo, era muy valiente. Su dientes filosos. Su cabeza era grande.
Romina

viernes, 21 de marzo de 2008

¿Por qué leer Anthony Browne?


“Pienso que uno de los aspectos más negativos de la educación, al menos en Inglaterra, es la manera como los adultos subestiman la sorprendente capacidad de observación visual que tienen los niños, a quienes se les hace creer que crecer, madurar y convertirse en seres educados, significa dejar atrás las imágenes y evolucionar hacia las palabras. Esta es una de las razones por las cuales Inglaterra es una nación visualmente iletrada”. Las propias palabras de Anthony Browne, uno de los más reconocidos autores ingleses de libros de imágenes, sintetizan lo que ha sido su trabajo: una búsqueda inteligente y rigurosa para proponer al público en general –no sólo a los niños– nuevas formas de ver, de leer y de relacionarse con el lenguaje pictórico.
Su obra ha ayudado a romper esa idea tan arraigada según el cual los álbumes son sólo para los más pequeños, para aquellos lectores que, por ser “iletrados,” necesitan valerse de las ilustraciones como un lenguaje sencillo y de menor complejidad que el verbal. En su caso sucede exactamente lo contrario: la ilustración crea un universo lleno de referencias culturales y artísticas, de pistas visuales, de claves y de guiños permanentes que consideran al lector como alguien inteligente y suspicaz, capaz de completar e interpretar el texto, sin importar su edad.
Por eso, los chicos de séptimo leeemos sus historias...

miércoles, 19 de marzo de 2008

Voces en el Parque


Nosotros compartimos la historia de Anthony Browne...Nos gustó mucho ver que hay distintos puntos de vista en una misma historia. Por ejemplo, miren esta imagen... ¿Ustedes que ven?